Cuando se arrogan funciones que no son... y al final de una fracasada gestión

El conflicto israelí-palestino se ha convertido en el escenario donde se desarrolla otra vez la tragedia humana de la guerra. Los cercanos lazos que tiene la República Argentina con hombres y mujeres de ese espacio, heredados sobre todo por la inmigración que depositó entre nosotros a los ancestros convoca al gobierno de Salta a prestarse para brindar ayuda a los que tienen que abandonar esa tierra convulsionada.

En ese temperamento el gobierno de Salta ha ordenado colaborar en la repatriación de diez salteños que están en Israel constituidos en dos familias que pidieron regresar al país. Así, la  Representación de Relaciones Internacionales de la Provincia puso en marcha inmediata los trámites para solventar los pedidos y trámites correspondientes en el marco del operativo "Regreso Seguro" que impulsa Nación.

La coordinación general de las acciones del Operativo para la llegada a Salta estuvo a cargo del Representante de la  Secretaría de Relaciones Internacionales, Julio Argentino San Millán, quien gestionó todos los trámites necesarios ante la Secretaría de Asuntos Internacionales de la Cancillería y la Dirección de Argentinos en el Extranjero. La llegada de los repatriados depende ahora del criterio con que opera el gobierno nacional que prioriza los casos con mayor vulnerabilidad.

 El montaje del "Operativo Nosotros también"

Pero existen algunos en la Municipalidad de Salta que parecieran haber sido alcanzados por la Nube de Wilson -Esa nube que se forma inmediata a la explosión y envuelve el entorno provocando distintos trastornos- ya que se arrogan en titulares periodísticos ser los protagonistas de los repatriamientos de familias salteñas desde aquellas latitudes envueltas por la guerra.

No sólo eso, los partes municipales dan cuenta de que desde el Municipio se "brinda orientación  orientación para que tres salteños puedan salir de la zona de guerra y ser trasladados a nuestra ciudad". Es preocupante que funcionarios municipales de Salta estén brindando orientación a terceros cuando en realidad quienes la necesitarían son ellos los primeros ya que, primero, habría que orientarlos en tiempo y circunstancia haciéndolos caer en la cuenta de que su inoperancia los dejó fuera del tablero político (y para siempre, dicen algunos); luego, deberían buscar orientación laboral para ver qué harán con su futuro porque en días más engrosarán la masa de desocupados argentinos.

La todavía intendenta, Bettina Romero, vuelve a poner su sonriente rostro en medio de la tragedia para anunciar que están haciendo lo que en realidad está haciendo el gobierno de la provincia; pareciera está padeciendo lo que la psicología llama el trauma de la proyección, cuando uno habla de sí en función de lo que hace otro. ¡Un psicólogo a la izquierda!

Tal vez, más necesario y ubicado fuera que Bettina Romero y el cotolengo que ella definió como gabinete, iniciara los trámites de repatriación de ellos hacia los lejanos rincones de la historia, allí donde existe la paz con la que ellos dicen colaborar en este momento... la paz de los difuntos políticos.-

La decadencia de la Dinastía

Si Roma cayó, ¿porque no iba a caer también el romerismo? Al fin de cuentas, las dinastías recorren el inexorable ciclo de la humanidad desde que se constituyen, alcanzan su apogeo y finalmente decaen. Tal vez lo que sorprenda en el caso del imperio fundado por Roberto Romero sean dos cosas, el poco tiempo que duró y la forma tan abrupta en que terminó.

Porque cuatro décadas de dominio pleno del poder en Salta en términos históricos no son nada más que una pelusa. Ni siquiera pasaron tres generaciones y el enorme andamiaje político que parecía intocable cayó, pero el dato más relevante es que no termina la hegemonía romerista en Salta por causas externas al clan, sino que sencillamente este impresionó, se derrumbó sobre sí mismo en el brevísimo lapso de cuatro años, los que duró el gobierno de Bettina Romero al frente de la municipalidad de la Capital.

El común y hasta la clase política abrigaban la certeza de que la llegada de Bettina Romero al sillón mayor de la municipalidad capitana era el vestíbulo de una futura gobernación que podría darse en un tiempo no mayor a dos periodos. Pero la historia que lo enseña todo, dice que ni el más firme soberano sobrevive si no tiene una corte que lo acompañe y en el caso de la hija del Júcaro, esta se rodeó de un conjunto de pandilleros, oportunistas.

No había destino saludable posible con tales elementos más preocupados en "juntarla en pala" que en ayudar a "La Nena" a realizar un buen gobierno. A la murga que nombró en el gabinete, la nieta de "Don Roberto" le sumó una dosis de soberbia y autismo que le impidió escuchar las voces que desde todas partes le decían que estaban a bordo de una barcaza endeble que se precipitaba a la catarata.

Llegar a la intendencia con el respaldo del apellido dinástico Romero, con el porcentaje histórico de votos más abultado de que se tenga memoria y siendo la primera mujer en ocupar el sillón mayor del municipio Capital, con una maquinaria electoral probada durante décadas, todo hacia presumir que con tan sólo haber realizado una gestión un poco -nada más que un poco-, más aceptable, Bettina Romero podría haber estado empujando o al menos poniendo en aprietos al gobierno de Gustavo Sáenz. Pero no, impermeable a toda sugerencia y pagada de los energúmenos que la acompañaban, la intendenta continuó impávida hasta el último momento haciendo la suya.

Pero como la suya no era la de todos los vecinos de la Capital, cuando las urnas hablaron en el mes de mayo pasado se escuchó la voz que hizo tronar el escarmiento y 17 puntos en contra le arrebataron sueños y proyectos políticos.

A la caída en la Capital, todavía encima, el clan Romero decidió apostar en la elección nacional al sector de Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales, con una ceguera tal que hasta habrían tenido ya designados cargos nacionales en el gobierno que ahora no será.

En consecuencia, perdida la intendencia y habiendo jugado con el perdedor a nivel nacional, la realidad indica que la dinastía Romero se hundió en menos de dos meses arrastrando en su caída el predominio político que ostentó el clan durante cuatro décadas en la provincia. Pero lo peor de toda esta situación es que el romerismo parece finalizar con Bettina Romero ya que no existe un sucesor a la vista capaz de convertirse en el Ave Fénix y resurgir de entre las cenizas. "Todo cambia", dice la canción, y a veces, hasta desaparece.

Escondiendo al inepto para encontrar al culpable

La cuestión docente -y de salud también-..., en realidad toda la cuestión salarial de Salta, antes que un problema económico es un problema político que obviamente debe resolverse con política. Sin duda que la docencia ha marcado el camino en varios sentidos: el primero, es la caída de los gremios que han sido ampliamente superados porque ya no representan a la masa trabajadora. En segundo lugar, ha develado la incapacidad política del ministro del área, Matías Cánepa, quien ha demostrado que su techo parece ser dictar la cátedra de las "99 preguntas del Catecismo" antes que comprender las razones de fondo de un problema que le está empujando el pedestal a todo un gobierno.

No es la primera crisis con la docencia que enfrenta Cánepa como ministro, esta sin duda que alcanzó niveles cercanos a la pueblada y en ninguno de los casos pudo resolverlas; no sólo eso sino que está demostrado que cuando los docentes salen a la calle el ministro ingresa al claustro porque nunca estuvo al frente de la situación y esta última vez evidentemente se le fue todo de las manos.

Pero la historia enseña que para la Inquisición medieval los culpables eran siempre otros, incluso los gatos y los gallos, luego, en este caso había que buscar una bataraza para inculpar y nadie mejor que la Secretaria de Educación, Adriana Saravia Navamuel, cuya lapicera sólo alcanza para firmar informes y hasta ahí nomás. Pero ¡Eh allí a la cabeza de turco que tiene que rodar!

Dice el viejo dicho popular que el hilo se corta por lo más delgado y cuando el jefe es mediocre o incapaz en cualquier estructura sacudida por una crisis hay que buscar al que pague los costos y "la Adriana" sería la víctima propiciatoria de este holocausto. Así, se cumplirá la sentencia que dicta "Hay que esconder al inepto para hallar al culpable".

La polìtica y la crisis de representatividad

Con el calor resultante del fragor electoral del mes de mayo pasado, se prepara ahora el tiempo de pensar en el recambio legislativo nacional y la elección del presidente de la nación para los próximos cuatro años.

Enunciarlo así parece sencillo y claro, pero la verdad es que el espectáculo que proporciona a la ciudadanía la clase política es lo más cercano a encuentro de parroquianos en algún bodegòn de mala muerte "donde van los que tienen perdida la fe" y donde todo es decadente y precario.

Si hubiera que preguntarle a uno de los candidatos postulados sobre el programa de proyectos que ya debiera estar proyectando para cuando asuma su mandato en diciembre próximo, ninguno tendría nada para mostrar. Es más, tampoco tendrán nada en esa fecha.

El aserto se desprende del hecho simple y concreto de que durante tantos años en los cargos legislativos o ejecutivos no se les conoce nada, no decimos revolucionario, sería mucho pedir, pero por lo menos que contenga ideas para mejorar la Salta el algún aspecto, pero no. No se escucha a nadie de los propuestos que tenga un discurso al menos con alguna idea peregrina, pero no se ha visto nada de esto y lo más probable es que tampoco se lo vea.

Todo se reduce a un bolillero de nombres sin jerarquía política alguna, sin militancia con algunos expulsados a último momento y otros aparecidos de igual forma, sin que el ciudadano comprenda cómo llegan a esa aspiración de pretender representar a Salta de la cual seguramente sólo conocen el circuito de bares y confiterías, nada más.

Por fin, la experiencia reciente dicta que frente a los graves problemas sociales que vivió la provincia ninguno de estos candidatos aportó absolutamente nada; sólo la mano política del vicegobernador, Antonio Marocco, pudo contener y darle cauce a un diálogo con los más levantiscos que salvó la integridad institucional en Salta.

Con acierto, un viejo lobo de la política de Salta supo decir: "Son las elecciones más baratas que se hayan dado".

Aunque todo indica que los salteños terminarán pagando muy caro este proceso.

Los derechos en diálogo y armonía

En una reciente nota el profesor Gargarella, se muestra indignado con la ley sancionada recientemente en Salta, que busca armonizar los derechos de libertad de expresión, de reunión y de peticionar y de uso de los espacios públicos (de protesta), con los de libre circulación, preservación de la integridad física y de la propiedad. incluso, solicita que no le hagan perder el tiempo.

Justamente de esto se trata, del tiempo que pierden los hombres y mujeres de la comunidad salteña: los docentes que no pueden trabajar y que mayoritariamente no adhieren al paro y la protesta, porque sus representantes en la provincia acordaron en paritarias, un aumento de salarios, que a la mitad de año llega al 70%; como así también los trabajadores en general, que a través de las distintas asociaciones que los nuclean en Salta, han manifestado su apoyo a la ley. La Ley no es sorpresiva, ni criminalizadora, ni restrictiva de derechos. El proyecto llevaba un año con estado parlamentario. No hay una sola disposición que penalice el ejercicio regular de los derechos de protesta. No hay una prohibición del ejercicio de los mismos, ni una necesidad de autorización, ni una afectación del derecho a la protesta. 

La Ley en cuestión dispone como objetivo el desarrollo pacífico de la protesta, para lo cual la misma deberá ser "notificada con antelación”, para que se arbitren los medios necesarios para "evitar la colisión de los distintos derechos" de los hombres y mujeres de la comunidad salteña. En ese sentido, el Art. 32 de la Convención Americana de Derechos Humanos (con rango constitucional) señala sabiamente que “los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común, en una sociedad democrática”.

De no lograrse este desarrollo en convivencia y armónico de la protesta, quien interviene es el Ministerio Público y el Poder Judicial recién como última instancia, pues antes se prevé una instancia de diálogo a través de la mediación. El derecho es una norma de convivencia social, y en ese sentido el Profesor Gargarella, propugna en "Teoría y critica del derecho constitucional”, en el capítulo "El derecho frente a la protesta social”, el uso de "regulaciones de tiempo, lugar y modo" que justamente no anulen el derecho a la protesta social. 

En el desarrollo de democracia, todos tiene derechos, y todos tienen el derecho a defenderlos dentro de la armonía social, ya que no debe prevalecer un grupo sobre el otro. Esta ley busca esa armonía, y en ese sentido, basta leerla atentamente: el poder estatal no se aumenta, ni intensifica, sino que regula la convivencia social. Los trabajadores a través de la CGT y de las cámaras empresariales, han manifestado la necesidad de que se respete su derecho a trabajar, y en ese sentido han dado su apoyo a la ley en cuestión. Es tiempo de diálogo, de leyes que expresen ese diálogo, y en ese sentido, la Ley toma el modelo de la Constitución, donde conviven armónicamente los derechos, garantías y libertades de la comunidad toda. En la mayoría de los casos, ese choque de derechos tiene que ser resuelto de un modo que no se afecte el bienestar general, es decir la condiciones para que todos puedan llevar adelante sus proyectos de vida.

Esta Ley, no suma facultades al Poder Ejecutivo, no cercena derechos, fue debatida en la legislatura (con ajustadas votaciones), recibió el apoyo posterior de la mayoría de la comunidad salteña, cumple con las exigencias de los tratados internacionales, prevé una etapa de mediación y recién en última instancia dispone la actuación del Poder judicial y el Ministerio Público Adoptar postura políticas legítimas, implica también la responsabilidad de informar adecuadamente. No es una pérdida de tiempo.

EDITORIAL Por Horacio Constantini

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